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¿Por qué tiemblo cada vez que hablo de mi salud mental?

Una confesión: hace meses que me asusta hablar de esto.


He visto cómo, poquito a poco, hemos inundado las redes sociales y, cada vez más, el espacio público de temas relacionado con la salud mental. Pero hace tiempo que hay algo que me aterra por dentro, ¿lo estamos haciendo bien? ¿por qué tiemblo cada vez que hablo sobre mi salud mental en redes sociales? Sin ninguna duda, pienso que sacar de la sombra algo tan importante como es la salud mental ha sido un paso de gigante. Mi duda es otra: ¿cuál es el camino?, ¿queremos simplemente darle luz e integrarlo en nuestras vidas o queremos que su luz nos alumbre un nuevo camino?

Claro que me alegra saber que la salud mental ha dejado de ser un tabú, pero me asusta su naturalización; ¿hacía dónde nos lleva?¿debemos aceptar las condiciones de vida asfixiantes, la sobreexposición a contenido orientado al consumo irresponsable y la exigencia de inmediatez constante como algo natural? No digo que tener ansiedad sea anormal. Pero yo no necesito que no me mires raro por contarte que tengo, al menos, un ataque de ansiedad cada dos semanas y episodios depresivos cada seis meses - sinceramente, se agradece que no me mires raro pero es que no es eso lo que quiero...creo que es lógico que te sorprenda que me ocurran cosas así. porque no, no debería ser algo normal- lo que yo necesito es poder asegurarme una vida en la que la presencia de estos episodios sea algo inusual, no habitual.

Claro que me alegra saber que su estigma se diluye y puede hablarse de ello sin vergüenzas, lo que me asusta es su romantización; Porque resulta que tener ansiedad no es ponerte nerviosa por cosas y, desde luego, no es algo divertido. Resulta también que pasar por episodios depresivos no es, para nada, el camino de la melancolía artística; que tener TOC no es ser organizada o que te guste que tu casa esté limpia; que los traumas no son tesoros. Resulta que lo que lees, lo que ves en las redes, normalmente no es real. No lo es. Alguien en plena crisis no suele compartir, escribir poemas, crear... o sí, yo qué sé, pero por favor no confundamos desahogos con espectáculo. Nos estamos acostumbrando a scrollear a personas llorando con una crisis de ansiedad en tiktok. ¿Por qué lo suben? ¿Por qué lo pasas?. Resulta hasta cruel. #ansiedad y ya me huelo la respuesta: sí se crea desde el dolor, verdaderas obras de arte literarías nacen de mayor desgarro emocional de artistas...mm, sí. Es verdad. Pero es que hay arte cuyo objetivo no es remover a quién mira, sino a quién lo crea. Evocar esos sentimientos no tendría que ser (ni es) una meta. Sufrir no es el único camino de la creatividad. Es más, es el peor. Este tema da para largo, pero hoy no es el día.

Por último, y por supuesto, me alegra ver que somos tantas, tantas, tantísimas personas preocupadas por la salud mental que podríamos movilizarnos y conseguir un servicio público y de calidad, lo que me aterra es comprobar que por muchas denuncias y movilizaciones que existan, no lo estamos consiguiendo, que todavía sólo unas pocas personas podemos acceder a ella y que lo que estamos haciendo es financiar clínicas privadas que nos alejan cada vez más del modelo de salud pública, universal y de prevención que desde hace años no deja de ser pisoteada y recortada por los poderes políticos. Que los pocos servicios gratuitos se encuentran saturados con profesionales sobresaturadas y maltratadas por horarios y condiciones denigrantes...¿Cuál es la solución?. Después de más de dos años en terapia (privada), aún estoy esperando que mi centro de salud público me devuelva la llamada para una primera sesión. ¿Qué sería de mí si no hubiese podido permitírmelo? Lo que hubiese sido de mí es la realidad de muchas más personas de las que nos gustaría reconocer, enredadas en la precariedad, la sobremedicación y la supervivencia. ¿Es este el mundo que queremos?


Es, precisamente este, el mundo que se necesita para que nada cambie y todo siga haciéndonos el mismo daño.

Hablemos de salud mental. Compartamos nuestras vivencias. Escuchemos. Pero, por favor, no naturalicemos, no romanticemos, no olvidemos nunca al resto.




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