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Mi primer tatuaje: todo lo que a mí me hubiese gustado saber

Actualizado: 19 sept 2022

Digan lo que digan, el primer tatuaje es el más especial. El que nunca olvidas. Dale el valor que merece. Que no te de vergüenza: disfrútalo de principio a fin.


Mi primer tatuaje fue en un estudio de Moncloa (Madrid), voy a omitir su nombre básicamente porque mi mente ha decidido eliminarlo y también porque sería feo boicotearlo después de tantísimos tiempo. De ese primer tatuaje hace ya unos seis o siete años. Soy una persona pasional y, por qué no decirlo, obsesiva. Con esto no lo fui menos, mi estuvo conmigo meses haciéndose cada vez más real. Disfruté mucho del proceso, aunque no tanto de su final. Lo primero que se tatuó en mi cuerpo fue la huella de mi perro -sorry not sorry, los primeros también suelen ser los más típicos pero los queremos igual- fue divertido y emocionante desde el minuto cero; conseguí su huella después de muchíiiiiisimos intentos fallidos, la escaneé y después le pedí a una amiga artista una ilustración tipo garabato o doodle. Pequeño update: su nombre es Isa, con los años se hizo tatuadora, y es una artista con un talento increíble ( @arabellla____ en instagram) ojalá me lo hubiese hecho con ella.

Pero en aquella época Isa era estudiante y mi tatuaje lo realizó otra persona. La ilusión fue transmutando poco a poco en ansiedad desde el primer contacto con el estudio. Llevé el diseño y, una vez allí, me lo tiraron por tierra - ahora, como tatuadora, sé que tenía demasiados detalles para poder reproducirse tal cual en el tamaño que yo quería, pero también que su trato y su solución fue terrible y que lo ideal hubiese sido que yo me hubiese ido a otro estudio- me citaron para unas semanas después y me dijeron que me enviarían el diseño unos días antes. Spoiler: no lo hicieron. Aún así, mi ilusión y mis ganas seguía pudiendo más. Yo misma dibujé algunas versiones y se las envié por email, contándoles qué es lo que quería y qué no del diseño. No me contestaron. Llegó el día de la cita y, una vez allí, me dijeron que no me tenían apuntada y ¡sorpresa! el diseño no estaba listo. Podía cancelarlo o pasarme en media hora. Tenía que haberlo cancelado. Pero #ansiedad llevaba "demasiado" tiempo esperando este momento y accedí a hacérmelo media hora más tarde. El diseño no tenía nada que ver con el original, se veía sucio y hecho en dos minutos. ¿Por qué me lo hice? por presión, por no saber decir que no, porque quería tatuarme ya...no sabría decirte. Pero fue un error.

Por si quedaba alguna duda, la sesión tampoco fue una experiencia agradable. Escogí la zona de las costillas, dolió horrores. He tatuado en numerosas ocasiones esta zona y, aunque es dolorosa per se, mi diseño era algo lineal que sin duda podría haberse hecho con menos prisa y más cuidado. Desde que llegué, no tuve ningún tipo de contacto humano con la tatuadora más allá de alguna broma que yo le hice por puros nervios... era más que palpable que le había fastidiado el descanso y no parecía tener ganas de disimularlo. Durante la sesión entró varias veces un compañero; hablaron de cuánto pillar para esa noche, lo hacían como por código y a mí lo que me ofendió, más que el hecho de que no se pudiesen esperar a hablarlo cuando yo no estuviese en la camilla, fue que se pensasen que no era capaz de pillarlo. La tía ya olía a porro al llegar, esa conversación tan en clave solo me confirmó mis sospechas: estaba fumada, fumada con una máquina de tatuar sobre mi costado. Lo pienso y me vienen sudores.

Salí de ahí lo más rápido que pude. Sonriendo. Agradeciendo. Pagando. Durante años dije que estaba encantada, era mi primer tatu ¿qué iba a hacer? Pero lo cierto es que toda esa mala experiencia a su alrededor siempre ha hecho que no pueda verlo con tanto cariño como a mis otros tatuajes.


¿Cómo podría haberse prevenido todo esto?

  1. La persona. Realiza una buena búsqueda de estudio y la tatuadora. Nunca escoger por barato. Es un error que me avergüenza reconocer que cometí varias veces más. Un tatuaje es algo para siempre, es importante que te lo hagan bien. No solo que la persona sea profesional y sus materiales de calidad, sino que durante la experiencia te sientas acogida y valorada. Sino, te aseguro que tendrás una cicatriz que te recordará para siempre esa mala experiencia. Dedica tiempo a elegir a la persona que te va a tatuar. Ahora, las redes sociales nos han solucionado mucho esto. Pregunta también a otras personas por sus experiencias. Merece la pena.

  2. El diseño. Saber decir que no y darle a tu opinión el valor que se merece. Escoge, en tu búsqueda, una persona que sepas que tatúe el tipo de tatuaje que deseas. Por muy bien que te caiga, no pidas a una persona especializada en línea un diseño de acuarela. Siempre será mejor acudir a alguien especializada en la técnica que deseas. Una vez la encuentres: no te cortes. Explica tu idea de manera detallada, envíale referencias de tatuajes que te gusten, explica por qué te gustan, cuéntale qué significado tiene para ti... Y una vez veas el diseño, tenlo claro. Nadie más que tú le va a dar más importancia a tu tatuaje. Esto es así. Por muy amables y compresivas que seamos las tatuadoras, tú eres la única persona que va a vérselo cada día. Ten clara lo que quieres y si, por lo que sea, deseas cambiar el diseño o la zona: comunícalo. Eso sí, por favor, trata de hacerlo siempre de una manera asertiva y amable: puede haber (y hay) mucho trabajo detrás de ese diseño que no se ajusta a tus necesidades.

  3. La sesión. Saber qué tipo de trato mereces y cuál no. No, no es normal que te tatúe una persona bajo os efectos de ninguna droga. El mundo del tatu ha estado muy intoxicado desde siempre, parecía en el pack de tatuador te venía ese halo de fiesta constante y despreocupación. Pero no, resulta que hay profesionales de verdad. Tatuar es un trabajo que requiere atención y presencia. Te mereces que te tatúe una persona sobria. Si dudas de ello, comunica tu incomodidad y vete. Por otro lado, las tatuadoras somos personas. Cada una tenemos nuestra propia forma de ser y estar. Algunas somos más habladoras, otras más calladas...depende de la persona y de cómo tengamos el día. Permítenos ser y que la sesión sea cómoda para ambas. No mereces recibir ningún tipo de desprecio, pero (como en cualquier servicio al público) tampoco nos exijas comportarnos como monitoras de tiempo libre.




Teniendo esto en cuenta te aseguro que disfrutarás de tu primero, segundo o decimoctavo tatuaje. Tatuarse puede ser una experiencia maravillosa en la que cerrar heridas, etapas o simplemente pasar un buen rato. Te animo a hacerlo siempre en espacios seguros y en buenas manos.





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